Hoy LaLiga ha apagado mi aula

Hoy LaLiga ha apagado mi aula
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Hoy ha empezado la temporada 2026/27. Alavés–Getafe a las 19:30. A las 19:26 el monitor de casa se ha puesto naranja: external_slow, treinta segundos de timeout, una fila detrás de otra. aula.sergiocomeron.com. meet.sergiocomeron.com. portal. Esta web.

El origen respondía en local: 200, 302, 303. Apache encendido. El Mac mini encendido. Moodle encendido. Lo que no llegaba era España.

No es una caída. Es un partido.

Qué está pasando de verdad

Desde febrero de 2025, cada jornada, los operadores españoles —Movistar, MasOrange, Vodafone, DIGI y el resto de sus marcas— bloquean direcciones IP porque LaLiga y Telefónica Audiovisual se lo piden con una resolución del Juzgado de lo Mercantil número 6 de Barcelona (diciembre de 2024). El objetivo declarado: tumbar retransmisiones piratas.

El método: apagar IPs enteras de Cloudflare, Amazon, Akamai, Alibaba y quien se ponga por delante. Durante el partido. A veces un rato antes. A veces un rato después.

Una IP de Cloudflare no es «una web pirata». Es una puerta anycast que comparten miles de sitios que no tienen nada que ver con el fútbol. Bloquearla es echar el cerrojo al edificio porque un inquilino revende entradas. El resto de vecinos se quedan en la calle y encima les dicen que es por su bien.

La propia EUIPO, en un papel de 2023 sobre piratería de eventos en directo, avisaba de esto: el bloqueo por IP solo se sostiene si excluyes el hosting compartido y lo limitas al evento. Aquí se ha elegido justo lo contrario. Se apunta al hosting compartido porque es compartido. Duele más. Es más barato. Y el daño colateral se vende como detalle.

No lo es. Es el diseño.

No es una opinión: son medio millón de dominios

OONI —el observatorio que mide censura de red en todo el mundo, no un hilo de Twitter— publicó en junio el recuento de la temporada pasada. Fuera de España, las mismas IPs respondían. Dentro, no.

Cifras, no enfado:

  • 554.507 dominios afectados en algún momento. El 5,8 % de una lista de 9,2 millones de los más usados de internet.
  • En una sola hora, bloquear entre 4 y 20 IPs llegó a tumbar más de 400.000 dominios.
  • 7.441 IPs de 36 proveedores. Cloudflare se lleva el 90,4 % de los dominios afectados, sentados sobre poco más de dos mil direcciones.
  • En la lista hay capítulos de Amnistía Internacional, Cáritas, Greenpeace, el Senado de Australia, un juzgado de Bérgamo, medios, universidades, registros de Terraform, espejos de Debian. Y, sí, también las webs de streams piratas. El método no distingue. Esa es la gracia, y esa es la vergüenza.

En Digi, además, OONI documentó un man-in-the-middle de TLS: el operador no se limitaba a tirar el paquete. Interceptaba la conexión y plantaba un certificado autofirmado. Eso no es «luchar contra la piratería». Eso es meterse en medio de una conversación cifrada porque hay un partido.

Hoy no necesito el informe. Tengo el log. Treinta segundos al origen público, respuesta inmediata en local, a la misma hora que el saque inicial. El monitor lo diseñé justo para no discutir esto de oídas.

El aula no es un stream pirata

Esta web vive en un Mac mini, en casa. También el aula de Moodle y el Jitsi. Puse Cloudflare delante para no abrir un solo puerto y para que un corte de luz no se llevara el sitio por delante. Escribí que Cloudflare era la pieza que sostenía el autoalojado casero.

Hoy esa misma pieza es la que un juez y una liga de fútbol usan para que un alumno en Movistar no pueda entrar al aula mientras en Mendizorroza se juegan tres puntos.

El servidor no está caído. El túnel no está caído. Lo que está caído es el trayecto entre un hogar español y una IP compartida. Da igual que detrás haya un examen, una tutoría, un hospital, una ONG o una tienda. Si compartes número de portal con alguien a quien LaLiga ha apuntado, sales en la redada.

Esto no es un blog que se pone lento. Es un aula. Es una videollamada. Es infraestructura de gente que no cobra un euro del balón y que, aun así, paga el partido con su conectividad.

Lo que no estoy defendiendo

La piratería de fútbol existe. Los derechos se pagan. No extraño a nadie que monte un m3u y se haga el ofendido. Ese no es el debate, y usarlo como escudo es de manual: si protestas el método, te sientan al lado del que cuela el partido.

Cloudflare tampoco es una ONG. Tiene procesos de abuso. Se le puede exigir que los use. Se le puede llevar a un juzgado por un sitio concreto. Lo que no se puede —lo que no se debería poder— es convertir media internet española en fuego amigo cada sábado porque el modelo de negocio de una liga no sabe apuntar.

Hay maneras de perseguir un stream ilegal que no pasan por apagar Amnistía, un aula y el Senado de otro país. Quien dice que no las hay está mintiendo o no ha mirado. Quien las conoce y elige el machete ha decidido que el daño es aceptable.

Eso es lo que me indigna. No el fútbol. La aceptabilidad.

Quién ha decidido que esto vale

Una liga privada. Un operador que también es el dueño de los derechos. Un juzgado mercantil. Y el resto de operadoras, que se allanaron. Nadie en esa mesa representa al aula, ni a la ONG, ni al autónomo cuyo TPV va por Cloudflare. El «interés general» que se invoca es el de un producto de pago. El internet del país es el daño colateral presupuestado.

En febrero de 2026 el perímetro creció: autos contra NordVPN y Proton para que taparan dieciséis sitios desde España. Primero te cortan la IP. Luego te persiguen la herramienta con la que te habías ido a otro sitio. El siguiente paso se escribe solo.

RootedCON y Cloudflare han llegado al Constitucional. Mientras tanto, cada jornada se vuelve a pulsar el interruptor. Hoy ha sido la primera de la temporada. Quedan nueve meses.

Llamar a esto «antipiratería» es un eufemismo. Es una edición temporal de la tabla de rutas de un país al servicio de un calendario deportivo. En cualquier otro contexto le pondríamos el nombre que tiene: una forma de censura de red, justificada en derechos de autor, ejecutada sin precisión y renovada cada viernes por la noche.

La lección

Mi servidor está bien. Es España la que no llega.

No voy a quitar Cloudflare porque una liga haya decidido que mi aula es un coste aceptable. El túnel sigue siendo la razón por la que este sitio no abre puertos en un salón. El problema no es la nube naranja. El problema es un Estado que deja a una liga reescribir el enrutado cuando hay partido.

Es el mismo argumento que con Chat Control, y no es opinable: no se puede tumbar solo a los piratas. El día que el interruptor apunta a una IP compartida, apagas a todos los que viven detrás. Aulas incluidas.

Que el saque inicial de una temporada decida si un alumno entra a clase no es un efecto secundario. Es una política. Y es una vergüenza.

Fuentes: OONI, junio 2026, sentencia del Juzgado de lo Mercantil nº 6 de Barcelona, comunicado de LaLiga (febrero 2025), hayahora.futbol, Vercel sobre el daño colateral.

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