Han vuelto a encender Fable 5: la correa sigue puesta
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Hace tres semanas conté aquí que habían apagado Fable 5: el modelo de IA más capaz disponible al público, desactivado para todo el mundo por una orden del gobierno de Estados Unidos. Le dediqué también un episodio del podcast, La correa ha tirado. La tesis era incómoda: cuando construyes encima de una de estas herramientas, dependes de algo que un tercero puede apagar cuando quiera.
Pues bien: hoy, 1 de julio, Fable 5 ha vuelto. Y el desenlace, en apariencia, es un final feliz. Pero si lo miras con calma, no desmiente la lección del apagón. La subraya.
Qué ha pasado, sin adornos
El 30 de junio, el Departamento de Comercio de EE.UU. levantó los controles de exportación que había impuesto a Fable 5 (y a su hermano restringido, Mythos 5) diecinueve días antes. Al día siguiente, hoy, Anthropic ha vuelto a encender el modelo globalmente: en Claude.ai, en la plataforma, en Claude Code y en Claude Cowork. Durante esta primera semana viene con el uso limitado a la mitad de lo habitual, y a partir del 7 de julio vuelve a plena disponibilidad.
Recordemos el motivo del apagón: un jailbreak —una forma de esquivar las salvaguardas— que investigadores de Amazon encontraron en Fable 5, relacionado con analizar código en busca de vulnerabilidades. El gobierno lo trató como un riesgo de seguridad nacional; Anthropic sostuvo que esa capacidad ya existe en otros modelos públicos.
Vuelve, pero con correa nueva
Y aquí está lo que me interesa. No ha vuelto tal cual estaba. Ha vuelto más vigilado:
- Un nuevo clasificador bloquea ese jailbreak concreto en más del 99 % de los intentos.
- Cualquier petición que salte esa alarma se redirige automáticamente a Opus 4.8, avisando al usuario. Es decir: hay peticiones que, aunque tú creas que hablas con Fable 5, se atienden con otro modelo sin que tú lo decidas.
- Y, como parte del acuerdo para reactivarlo, Anthropic se compromete a detectar y reportar actividad maliciosa al gobierno y a colaborar en los estándares de los próximos modelos.
Nada de esto es descabellado —son medidas de seguridad razonables—. Pero el resumen es claro: la herramienta vuelve, sí, y vuelve con más capas de control por encima de ti. La correa no se ha soltado. Se ha aflojado un poco y le han añadido un eslabón.
Lo que de verdad me llevo
Hace tres semanas escribí que la correa “no la ves cuando todo va bien; la notas el día que tira”. Este mes ha enseñado la cuerda entera, en los dos sentidos.
Porque lo llamativo no es solo que lo apagaran de un día para otro. Es que lo volvieran a encender de un día para otro, también por una decisión que no depende de ti ni de la empresa que lo fabrica, sino de un despacho por encima de ambos. Diecinueve días. Un modelo sobre el que alguien pudo haber montado su trabajo estuvo muerto diecinueve días y resucitó por un cambio administrativo. La disponibilidad de tu herramienta más potente, sujeta a los tiempos de un ministerio.
El final feliz no borra nada: confirma que el interruptor no lo tienes tú. Da igual que esta vez lo hayan movido en la dirección buena.
Y sí, sigo casado con Anthropic
Lo digo otra vez porque sería deshonesto no hacerlo: yo soy el primero que no predica con el ejemplo. Uso estos modelos todos los días, tengo el flujo montado a su alrededor, y el episodio entero —apagón y reencendido— es el caso de manual de todo lo que llevo semanas contando… y aun así aquí sigo, sin plan B autoalojado.
Quizá esa sea la lección más incómoda de las tres semanas: no que la herramienta se pueda apagar, que ya lo sabíamos. Es que se pueda apagar, tenerte diecinueve días sin ella, volver como si nada, y que tú sigas exactamente donde estabas. La costumbre pesa más que el susto.