Qué ha estado pasando con Grok estos días
ContenidoContents
En este blog nunca había hablado de Grok, la IA de Elon Musk. Y mira que uso inteligencia artificial para programar a diario —esto lo escribo con una al lado—, pero siempre había sido la de otros: Claude, sobre todo. Grok me quedaba lejos. El problema es que esta semana ha pasado de todo con Grok, y casi todo a la vez: un cambio de nombre de empresa, un modelo nuevo potente y un susto de privacidad de los que dan que hablar. Buen momento para ponerse al día. Sin bombo y sin hachazo: lo que ha pasado.
Un minuto de contexto: ¿qué es Grok?
Por si no lo tienes en el radar: Grok es el chatbot de IA de Musk, nacido a finales de 2023 e integrado dentro de X (el antiguo Twitter). Su seña de identidad siempre ha sido un tono más gamberro y menos filtrado que el de la competencia —Musk lo vende como “máximamente buscador de la verdad”—, con acceso en tiempo real a lo que se publica en X. Eso le ha dado tanto seguidores como polémicas sonadas. Hasta hace poco era, sobre todo, un asistente conversacional dentro de la red social. La novedad de estos días es que da el salto a un terreno mucho más serio: programar.
Primera sorpresa: xAI ya no se llama xAI
Empecemos por lo más despistante. La empresa detrás de Grok se llamaba xAI. Pues ya no: desde principios de julio es SpaceXAI. ¿Por qué? Porque en febrero SpaceX compró xAI —una fusión enteramente en acciones que valoró el conjunto en 1,25 billones de dólares— y la convirtió en una filial. El 6 de julio remataron la jugada con nombre y logo nuevos. Ahora el espacio, la IA y X (la antigua Twitter) cuelgan todos del mismo árbol.
Grok, eso sí, mantiene su nombre.
Y ya que estamos con lo marciano: parte de la visión de SpaceXAI es montar centros de datos en órbita. No es una boutade de un tuit: han presentado ante la FCC una solicitud para desplegar un millón de satélites con esa idea. Muy de la casa.
Grok 4.5: van a por Claude, sin disimulo
El 8 de julio salió Grok 4.5, presentado como su modelo más potente hasta la fecha. Y aquí lo interesante no es tanto el número como el enfoque: está pensado para programar y para tareas agénticas, no tanto como chatbot de consumo. De hecho lo entrenaron junto a Cursor, el editor con IA que compraron.
El plan es transparente hasta el descaro: la consigna interna, según se ha filtrado, era igualar a Claude cada vez que Claude sacara algo nuevo. Con Grok 4.5 lo venden como un modelo de primera línea, a 2 dólares por millón de tokens de entrada y 6 de salida. En la carrera de las IA que programan, ya no es un actor secundario.
¿Y qué dice quien lo ha probado? Las primeras reacciones fueron de entusiasmo. El desarrollador Evan Bacon lo resumió en un “Grok 4.5 es una locura” después de montar con él una app de seguimiento de cohetes con datos en vivo y un globo 3D. El CEO de Cursor lo llamó “un modelo clase Opus, rápido y barato” que se ha convertido en “la herramienta del día a día de buena parte de su equipo”. En los benchmarks generales queda en un digno cuarto puesto —por detrás de Claude y de GPT-5.5—, pero lidera alguna prueba concreta de programación de largo recorrido. Y su gran baza es el precio: en tareas agénticas puede salir hasta un orden de magnitud más barato que la competencia, hasta el punto de que, para muchos, “las diferencias en los benchmarks casi dan igual”.
Ahora bien, no todo son abrazos. Su tasa de alucinaciones se ha más que duplicado (de un 25 % a un 54 %, según las mediciones), y en los foros técnicos el debate más caliente no va de potencia, sino de confianza: no es un secreto que la empresa ha editado el “prompt de sistema” de Grok para orientar sus respuestas en temas políticos, y eso pesa a la hora de fiarte de él para trabajo serio. Barato y rápido, sí; pero con asteriscos.
Y el susto: Grok Build subía tu código a la nube
Aquí viene la parte que me hizo levantar la ceja. Grok Build es su herramienta de línea de comandos para programar con IA —el equivalente a lo que yo uso—. El 14 de julio, unos investigadores (Cereblab) descubrieron que estaba empaquetando repositorios enteros de los usuarios y subiéndolos a un Google Cloud controlado por la empresa, sin un consentimiento claro. Afectaba a los usuarios no corporativos; los de pago empresarial sí tenían la retención desactivada.
La reacción fue rápida: desactivaron la retención por defecto (el día 12), Musk prometió borrar todo lo guardado, y hoy mismo han abierto Grok Build en open source en GitHub. Con detalles que dan para sonreír: son 844.530 líneas de Rust volcadas en un único commit, sin historial, y —como apuntó Simon Willison— el código que hacía las subidas “parece alterado para revertir el comportamiento”. Han montado además un programa de recompensas por fallos y venden ahora “privacidad total del usuario”.
Que reaccionen está bien. Pero el episodio deja la lección de siempre: una herramienta que programa por ti tiene acceso a todo tu código, y conviene saber qué hace con él. No porque todas sean malas, sino porque “confía en mí” no es una política de privacidad.
Lo que me llevo
Visto desde la barrera: mucho movimiento en muy poco tiempo. Grok ha pasado de ser el chatbot polémico de Musk a un actor serio en las IA de programar, con modelo nuevo, editor comprado y una empresa reconvertida en filial espacial. Y a la vez, un tropiezo de privacidad que recuerda por qué a algunos nos gusta tener el control: el dato en casa, el código en tu máquina, saber qué sale y qué se queda.
Y una nota personal: con todo este ruido, me han entrado ganas de probarlo en mis propias carnes. El verano, con menos lío, es buena época para meterle mano a Grok 4.5 sin prisa —a ver si el entusiasmo se sostiene o se queda en el titular— y contároslo por aquí ya con conocimiento de causa. Que una cosa es leer los benchmarks y otra usarlo un rato en tu propio código.
No es un veredicto, es la foto de una semana. Pero si algo saco de estos días de Grok es que, con las herramientas de IA, la pregunta interesante ya no es solo cómo de lista es, sino qué hace con lo que le das.